Libros sin autoras








Esta no era la entrada que iba a publicar en un principio, ya que la semana pasada fue el cuarto aniversario de mi primer blog serio y quería hacer algo para conmemorar tal fecha. Sin embargo, esto va a tener que esperar. He encontrado algo mucho más importante.
 Bueno, miento. No lo he encontrado ahora. Algunas cosas las llevas toda tu vida pegadas a la nariz, pero solo te haces consciente de ellas al pasar por una etapa concreta. Para mí, dicha etapa se inicia desde el momento en el que entendí de verdad el significado de la palabra feminismo.

 Ya dejo de divagar, lo prometo. Para ponernos un poco en situación, recordaré una vez más que mi trabajo actual es dar clases particulares. Pues bien, hace muy poco estaba explicando algo de literatura a uno de mis alumnos, un chiquillo de instituto muy preguntón y bastante avispado. Tras resolverle todas sus dudas literarias y comprobar que se sabía lo que le tocaba estudiar para el siguiente día de clase, le di un pequeño descanso antes de pasar a otra cosa. Cuál fue mi sorpresa al verle mirar el libro muy pensativo, para luego decir: oye, todos los autores que vienen aquí como ejemplo son hombres, ¿no? ¿Es que las mujeres en esa época no escribían?
 Me quedé a cuadros durante un momento y mi cabeza viajó varios años atrás en el tiempo, a mi época de estudiante de bachiller. Me vi sentada en clase con la misma cara de sorpresa, que luego pasó a ser indignación. Volví a las clases de literatura, aquella asignatura donde cruzaba los dedos para que mi profesora siguiese su maravillosa costumbre de pasarse los contenidos por el forro y hablarnos de quien le diera la gana. ¿Por qué? Porque solo así lograba aprender algo sobre mujeres.
 Las mujeres no tienen cabida en los libros de texto. Si acaso, una o dos para cumplir la cuota de rigor. No nos cuentan nada de ellas en Historia. No hay pintoras, escultoras o arquitectas en Historia del arte. Ninguna autora del Siglo de Oro español en Lengua. Nada de mujeres en Filosofía.
 Y, siguiendo el camino, a esto llegamos. A preguntarnos si acaso no había nadie. A creer que las mujeres a lo largo de la historia no han pintado, no han compuesto, no han pensado, no han escrito, ni esculpido, ni inventado, ni investigado, ni hablado... Ni existido. Pero lo han hecho. Y esta entrada es simplemente una invitación a reflexionar sobre ello.
 Porque estamos en el siglo XXI. Año 2018. Se supone que hemos evolucionado como personas y como sociedad, ¿no es así? Ahora todo el mundo dice que las mujeres somos más libres y no quedan ya tabúes ni dificultades para nosotras a la hora de lograr nuestros objetivos. Si es así... ¿Por qué no aprovechamos esto para liberarlas a ellas?

  Las mujeres siempre hemos pensado. Siempre hemos escrito, investigado, pintado, compuesto, construido, trabajado... Siempre hemos existido, y las que ahora nos formamos tenemos todo el derecho del mundo a conocer el legado cultural que nos dejaron siglos atrás, de forma anónima, firmado o bajo un seudónimo masculino. Puede sonar a tontería, pero no lo es. Mis compañeros siempre lo han tenido muchísimo más fácil a la hora de identificarse con alguien, o de conseguir un referente al que querer imitar el día de mañana y eso ha influido muchísimo en su motivación. A mí me costaba más. De hecho, cuando aparecía alguna mujer en el temario, yo prestaba el 200% de atención, sabiendo que ese milagro no iba a repetirse muy a menudo, por mucho que quisiera saber más.
 Y hoy, que he acabado pasando al otro lado, solo deseo poder tirar de esa manta. Que mis alumnas tengan referentes de sobra para sentirse con fuerzas de llegar a donde quieran. Que mis alumnos comprendan que las mujeres siempre han escrito. Que a ellas, las que nos han traído a donde estamos con los frutos de su esfuerzo, se les caiga de una vez la capa de invisibilidad con la que las maldijeron hace ya demasiado tiempo.
 Porque siempre hemos estado ahí, aportando nuestro granito de arena al mundo a pesar de las dificultades. Y seguimos aportando a día de hoy. Por nosotras, por nuestros estudiantes y por ellas, creo que nos lo debemos.

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