Vuelvo a mi rincón siendo... ¿Una editora de bien?

 Por fin. No sé si alguien me habrá echado de menos o no, porque en realidad he seguido dando la lata de igual manera por redes, pero ya estoy aquí. De manera definitiva, espero.

 He necesitado irme. Si mi última entrada hablaba de la falta de tiempo, de no poder con todo y sentir que el día debería tener más horas, esa sensación multiplicada por tres ha sido la principal causa de mi desaparición por estas tierras. La segunda ha sido mi salud mental y física, que se ha tirado un tiempo de aquella manera, y la tercera es algo de lo que llevaba muchísimo tiempo queriendo hablaros (y que ya conoceréis porque soy una pesada): la editorial.

Tras mucho tiempo y esfuerzo, el señor Rubén Fonseca y yo, conseguimos sacar adelante lo que  conocéis como Ediciones Hati.
Voy a seros sincera, toda mi vida me había visto trabajando en una editorial como correctora o algo por el estilo, pero nunca me habría imaginado que acabaría creando una. No es un proceso fácil, no está siquiera cerca de ser un proceso fácil. Hay mucha burocracia de por medio, muchos asuntos financieros y legales, mil cosas sobre las que hemos tenido que dedicar mucho tiempo a formarnos antes de poner la editorial en marcha. Dependes mucho de terceras personas y, es un ejercicio de confianza enorme, debes invertir muchísimo tiempo, esfuerzo y energías... Pero no lo cambiaría por nada.
 Si bien es cierto que antes no me lo había planteado hasta que salió la conversación cierta tarde en cierto autobús, la verdad es que siento a Hati como una hija. Toda esta carrera para hacerla nacer y crecer me ha obligado a formarme, a probar mis límites, a superar miedos y a tomar decisiones realmente importantes que, de lo contrario, no sé si seguirían aún aparcadas.

Es cierto que tengo otro trabajo aparte y apenas encuentro tiempo para escribir o leer nada que no esté relacionado con esto, pero compensa muchísimo. Y esto es, en mayor medida, por la enorme acogida que le estáis dando.
Voy a ser sincera y decir que no me lo esperaba. Somos pequeñitos y, sobre todo yo, siempre he sido un fantasmilla invisible en cuanto al terreno literario se refiere. Estaba muerta de miedo porque éramos, y somos, un cachorrillo recién nacido en un mundo donde los nombres pesan demasiado. Pero nos decidimos a seguir adelante, sonreír y saludar... Y nos topamos con un montón de amor.
Los mensajes en Twitter, los correos de las participantes de La dalia violeta, las palabras bonitas a los miembros de esta pequeña familia, el apoyo que estamos recibiendo con el Crowfunding... Gracias. Podría escribir diez entradas acerca de cómo me siento, pero nada lo engloba mejor que esa palabra.
En serio, gracias.
Sí, soy editora. Sí, soy la mitad de Hati. Pero también sigo siendo yo, con mi humor absurdo, mi (mal) carácter, mis inseguridades, mi vida y mis miedos. Seguimos siendo personas que se cansan, lloran, ríen, celebran y se asustan. Por eso, en muchas ocasiones un puñado de palabras sinceras nos hacen revivir en los momentos de inseguridad o estrés. Nos dan fuerzas para seguir adelante.
Nos dais fuerzas para seguir adelante.
En resumidas cuentas... ¿Soy una editora de bien? No sé, cada quién tendrá su opinión. En el fondo esto era una excusa para decir que voy a usar este espacio de nuevo para daros la lata y, sobre todo, para agradeceros todo lo que hacéis por Hati y por nosotros. Nunca es mal momento para algo así y quería explayarme un poco.

Gracias.

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